El futuro del desarrollo en la región de Oriente Medio y Norte de África depende de la seguridad climática

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Mujeres en terrenos pantanosos en Iraq
Foto: PNUD Iraq

La crisis climática es el desafío más grande al que se ha enfrentado la humanidad hasta ahora, ya que constituye una amenaza existencial para el futuro de la civilización. Con un aumento de temperatura de 1,2 °C, ya somos testigos de la gravedad de las pérdidas y los dañosque causa el cambio climático en el mundo, lo que exacerba la inseguridad de los medios de subsistencia, así como la hídrica y la alimentaria, y amenaza con revertir las tendencias de desarrollo en muchos países y comunidades.

Estos efectos también agravan las tensiones sociales, los conflictos y el desplazamiento, lo que reviste particular importancia en la región de Oriente Medio y Norte de África por hallarse actualmente en una era de crisis multidimensionales sin precedentes. Al ser la región con más escasez de agua y mayor dependencia a la importación de alimentos, el Oriente Medio y Norte de África es ahora un foco climático mundial con un ritmo de aumento de temperatura que duplica la media mundial. En la región, los ciclos de sequía, los incendios forestales, las inundaciones y la degradación de suelos, que han alcanzado niveles récord, afectaron la seguridad hídrica y alimentaria, provocaron desplazamientos en masa de zonas rurales a zonas urbanas, y contribuyeron a un veloz incremento de la pobreza y la vulnerabilidad social.

Por otro lado, muchos de los países que resultaron ser focos del impacto climático en la región también son epicentros de conflicto y desplazamiento. Esto no es una coincidencia. Los efectos del cambio climático influyeron en los levantamientos árabes de hace 10 años, cuando la región experimentó su peor sequía en casi 1000 años desde el 2006 al 2010. Desde ese entonces, los efectos del cambio climático se han ido recrudeciendo y ahora son un factor central para la prolongada y compleja situación de fragilidad de la región. Es decir, el cambio climático es fundamental en la policrisis que se ha instalado en la región en los últimos años.

A medida que se ha propagado la crisis, también ha aumentado la necesidad de un desarrollo y una cooperación humanitaria más eficaces. En el último decenio, el PNUD duplicó el grado de cooperación en la región de Oriente Medio y Norte de África para ayudar a las comunidades a gestionar los riesgos y aumentar su resiliencia, con una perspectiva orientada al clima, la paz y la seguridad. Hoy, con una cartera de USD 300 millones para iniciativas locales y de más de USD 1.000 millones de cofinanciación de socios públicos y privados, ofrece la asistencia basada en subvenciones más importante de las Naciones Unidas para promover la transición verde en la región.

Paneles solares para la agricultura en Sudán
Foto: PNUD Sudán
Soluciones verdes para la respuesta y la recuperación tras las crisis

Una esfera prioritaria de esta labor ha sido incorporar soluciones verdes a las medidas de respuesta y recuperación inmediatas de las comunidades en crisis. La capacidad de las comunidades de hacer frente a los conflictos y de recuperarse rápidamente depende, en muchos sentidos, de su capacidad de recuperar el acceso a la energía, al agua, a la gestión de residuos y a otros servicios. Estos sectores también son cruciales para la acción climática.

En estos contextos, el PNUD ha promovido en mayor medida las soluciones verdes que atienden las necesidades de emergencia (enlace en inglés) mientras se sientan las bases de los procesos de reconstruir para mejorar. Por ejemplo, actualmente, el PNUD está implementando soluciones solares descentralizadas en lugares como el Yemen, el Sudán, Somalia, Palestina y el Líbano, lo que empodera a las comunidades gracias al acceso a energías renovables para sus sistemas hídricos, sus servicios de educación y salud, sus pequeñas empresas y la estabilización de sus medios de subsistencia.

A esto se le suma el apoyo a las políticas para incorporar las soluciones solares y verdes en los planes de respuesta y recuperación tras las crisis. En este sentido, en el marco del Plan Regional para los Refugiados y la Resiliencia de las Naciones Unidas en respuesta a la crisis siria, el PNUD ayudó a incorporar soluciones basadas en la naturaleza y con bajas emisiones de carbono en los planes de respuesta ante las crisis en Jordania y el Líbano, a los fines de ampliar la escala de las soluciones verdes en las comunidades que acogen a refugiados de Siria.

Redes de seguridad ecológicas

Otro factor fundamental de cualquier marco de seguridad climática es garantizar la resiliencia a mediano y largo plazo de los ecosistemas y los recursos naturales de los que dependen las comunidades y que se emplean cada vez más para la prevención de crisis. La resiliencia de los medios de subsistencia y la economía en general de la región tienen una fuerte correlación con el estado de los ecosistemas como los deltas, los humedales, los oasis, las marismas, las zonas áridas y los bosques de zonas nubosas. En los países afectados por los conflictos y la fragilidad, estos sistemas naturales han estado sometidos a una fuerte presión tanto por las guerras como por el cambio climático. A medida que, año tras año, empeoran la inseguridad hídrica, la degradación de los suelos y las sequías prolongadas, se pone en tela de juicio la capacidad de las comunidades de recuperar los medios de subsistencia agrícolas o basados en la naturaleza en contextos posconflicto.

A tal fin, el PNUD está ampliando su cooperación para construir más sistemas hídricos y alimentarios que sean resilientes al clima y para impulsar medidas de restauración de los ecosistemas a gran escala en las zonas de la región afectadas por los conflictos y la fragilidad. Se han forjado nuevas alianzas en el Yemen, Siria, Somalia, el Sudán, Palestina, el Líbano y el Iraq para ampliar el uso de cultivos resilientes al clima, reponer las napas freáticas y mejorar la retención de agua, rehabilitar las zonas áridas, los bosques y las cuencas degradadas, lograr la neutralización de la degradación de las tierras, ampliar los sistemas de alerta temprana y aumentar la resiliencia comunitaria.

También se puede ver la repercusión en los otros eslabones de la cadena, a través del respaldo para la formulación de Planes Nacionales de Adaptación (enlace en inglés), la mejora de las Contribuciones Determinadas a Nivel acional (NDC, por sus siglas en inglés) y las estrategias y planes de acción nacionales en materia de diversidad biológica (enlace en inglés). En los países afectados por los conflictos, estos marcos de políticas sientan las bases para la implementación del Acuerdo de París y el Marco Mundial de Biodiversidad al generar beneficios colaterales para la seguridad humana y la prevención de crisis.

Mujer en Somalia recolectando agua de una estación que funciona a base de energía solar
Photo: UNDP Somalia
Transformación del desarrollo

Profundizar la cooperación técnica ha redundado en importantes beneficios para fortalecer la resiliencia local e impulsar la transición verde en la región de Oriente Medio y Norte de África, lo que ha ayudado a las comunidades a responder y a adaptarse a las crisis que se han desencadenado una tras otra. Pero, pese a haber un abanico creciente de iniciativas muy bien diseñadas, sigue en aumento la tendencia al declive ecológico y los desplazamientos. Por lo tanto, más allá de desarrollar las medidas de respuesta y adaptación, un enfoque ambicioso de seguridad climática también debe impulsar un cambio transformador, de modo que se haga frente a las causas profundas y se logre una repercusión más sistémica desde el punto de vista preventivo. Mientras que la adaptación convencional se traduce en medidas que adaptan las trayectorias de desarrollo actuales, la transformación supone reencauzar o abrir nuevas vías.

La gravedad de las crisis que envuelven a la región de Oriente Medio y Norte de África nos recuerda que los modelos de desarrollo de hoy en día no son sostenibles. El modelo convencional de desarrollo orientado a la extracción que predomina en la región está, en muchos sentidos, entre las causas profundas de la vulnerabilidad creciente que afecta a las comunidades y a los ecosistemas. El carácter multidisciplinario del riesgo actual exige que haya nuevas políticas y paradigmas de desarrollo que reflejen el estrecho entrelazamiento entre los sistemas ecológicos y sociales, y que pongan el foco en la naturaleza. Es necesaria una transición hacia una nueva generación de soluciones y sistemas basados en el riesgo, donde se considere el desarrollo no como un conjunto de objetivos y resultados lineales, sino como la consecuencia de sistemas socioecológicos complejos.

Al constituir una amenaza existencial para las comunidades y los ecosistemas, las crisis multidimensionales de la región también marcan un momento existencial para el futuro del desarrollo. Además de apoyar a las comunidades, el programa de seguridad climática debe proyectar un cambio en las prácticas generales de desarrollo, es decir, una transformación del “cómo” del desarrollo. Reformular el desarrollo para superar la heredada visión reduccionista, lineal y mecánica acerca de las metas y los objetivos es, por muchos motivos, la tarea más urgente para emprender en el camino hacia 2030. En un contexto de crisis ecológicas y climáticas que están desestabilizando las bases de la civilización, la realidad de nuestra interconexión con la naturaleza debe convertirse en un nuevo motor de cambio central en la formulación de políticas de desarrollo en la región.

Hombre tejiendo canastos
Foto: PNUD Egipto

La seguridad climática ha escalado rápidamente en la agenda política de la región de Oriente Medio y Norte de África en los últimos años. La acción climática ya no es considerada solo una prioridad medioambiental, sino también un factor de gobernanza del riesgo, de prevención de crisis y de recuperación resiliente.

En 2023, dos eventos clave ofrecerán una oportunidad única de llevar los temas de seguridad climática de la región al resto del mundo: la Semana del Clima de Oriente Medio y Norte de África, que organizará el sistema de las Naciones Unidas en la Arabia Saudita, y la 28.ª Conferencia de las Partes (COP28), que se celebrará en los Emiratos Árabes Unidos. También constituyen instancias oportunas para forjar nuevas alianzas en la región con miras a ampliar las soluciones verdes para la respuesta y la recuperación tras las crisis, desarrollar redes de seguridad ecológicas y pensar paradigmas de desarrollo que estén a la altura de las circunstancias.

Las fuerzas convergentes del cambio climático y los conflictos están replanteando las perspectivas de desarrollo en la región y, a medida que más personas quedan expuestas a situaciones de vulnerabilidad, queda claro que no hay más tiempo que perder.