¿Por qué es indispensable incluir la igualdad de género en la respuesta frente al cambio climático?

¿Por qué es indispensable incluir la igualdad de género en la respuesta frente al cambio climático?
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Resumen

  • La crisis climática tiene mayores repercusiones en las mujeres y las niñas, sobre todo cuando se encuentran en situaciones de vulnerabilidad o marginación.
  • Las mujeres y las niñas tienen menos acceso a recursos, servicios e información, y es más probable que abandonen sus estudios o su empleo como consecuencia de las crisis climáticas, al tiempo que están expuestas a situaciones de desplazamiento forzado y violencia de género.
  • Para que las políticas y soluciones climáticas resulten transformadoras, deben integrar en todo momento consideraciones relativas a la igualdad de género y al empoderamiento de las mujeres.
  • Las mujeres y las niñas desempeñan un papel fundamental para avanzar en la mitigación y adaptación frente al cambio climático. No se deben subestimar sus capacidades, conocimientos ni potencial de liderazgo.
  • Al incorporar consideraciones de género en los planes climáticos nacionales, los países pueden atender las distintas necesidades y capacidades de adaptación específicas de las mujeres y los hombres, así como garantizar la igualdad en el acceso a los beneficios y en su distribución. 
¿Por qué es indispensable incluir la igualdad de género en la respuesta frente al cambio climático?

La crisis climática representa el mayor desafío al que se ha enfrentado la humanidad. Para dar respuesta a este fenómeno, los países deben adoptar medidas urgentes destinadas a lograr una transición hacia economías y sociedades resilientes y con bajas emisiones de carbono, así como avanzar en las prioridades de desarrollo sostenible.

Las desigualdades estructurales por motivos de género, raza, etnia, edad u origen socioeconómico, entre otras, obstaculizan esta transición, ya que limitan la autonomía de las personas y las comunidades para contribuir a la acción climática y gozar de sus beneficios. Esta situación se ve agravada por el acceso desigual a las soluciones de mitigación y adaptación frente al cambio climático, lo cual puede sumarse a estas desigualdades, e incluso acentuarlas, tanto dentro de los países como entre ellos.

Por este motivo, para que la acción climática tenga éxito, es preciso disponer de un enfoque basado en los derechos, centrado en el empoderamiento, la inclusión y la equidad. Promover la igualdad de género constituye un elemento fundamental de este enfoque. Al integrar medidas con perspectiva de género en los planes climáticos nacionales, los países pueden atender las necesidades y capacidades de adaptación específicas de las mujeres y los hombres frente a los efectos del cambio climático. También pueden valerse de las capacidades, los conocimientos y el liderazgo tanto de las mujeres como de los hombres, al tiempo que garanticen el reparto equitativo de los beneficios.

¿Cómo afecta el cambio climático de manera diferente a las mujeres y las niñas?

La crisis climática, al igual que casi cualquier otro desafío humanitario y de desarrollo, tiene mayores repercusiones sobre las mujeres y las niñas, sobre todo cuando se encuentran en situaciones de vulnerabilidad o marginación.

Este desequilibrio obedece al reparto desigual del poder y de los recursos entre mujeres y hombres, la brecha de género en el acceso a la educación y a las oportunidades de empleo, la distribución desigual del trabajo de cuidados no remunerado, la prevalencia de la violencia de género y todas las demás formas de discriminación de género profundamente arraigadas.

En muchas partes del mundo, para ganarse la vida, las mujeres dependen de trabajos sensibles a los efectos del clima, como la agricultura. Sin embargo, a pesar de desempeñar un papel importante en la producción agrícola, las mujeres agricultoras a menudo no tienen un acceso equitativo a los recursos, las tecnologías, los servicios y la información sobre medidas de adaptación, patrones de cultivo y fenómenos meteorológicos. Esta situación, a su vez, trae consigo una disminución de la productividad y de los salarios (enlace en inglés) y una mayor exposición y vulnerabilidad a los efectos del cambio climático.

Los efectos del cambio climático también pueden restringir el acceso de las mujeres y las niñas a la educación y al mercado laboral. Las niñas suelen ser las primeras en verse alejadas de la educación ante los impactos del clima y las familias deben lidiar con recursos limitados o una mayor carga de cuidados no remunerados. Del mismo modo, la creciente incidencia de fenómenos meteorológicos extremos puede aumentar la proporción de responsabilidades domésticas de las mujeres (enlace en inglés), lo cual las lleva a abandonar el mercado laboral. Algunas proyecciones indican que el cambio climático empujará a la pobreza a hasta 158 millones más de mujeres y niñas para el año 2050.

El cambio climático también tiene repercusiones negativas en la salud de las mujeres, sobre todo en los países donde ya existen disparidades de género en el acceso a la atención de la salud. Las mujeres corren un mayor riesgo de muerte por causas relacionadas con el calor (enlace en inglés), y son particularmente vulnerables durante el embarazo, cuando el aumento de las temperaturas, la contaminación del aire y la inseguridad alimentaria e hídrica pueden provocar complicaciones en el parto (enlace en inglés).

Como consecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, que son cada vez más frecuentes e intensos debido al cambio climático, las mujeres y las niñas pueden ser particularmente vulnerables y tienen menos posibilidades de acceder a servicios de calidad esenciales para su seguridad y recuperación.

Asimismo, el cambio climático está multiplicando cada vez más los riesgos para la seguridad, sobre todo en contextos que ya son frágiles o se ven afectados por conflictos. Cuando se producen situaciones de conflicto, las mujeres y las niñas son particularmente vulnerables debido a la consiguiente pérdida de los medios de subsistencia, el desplazamiento forzado, la violencia de género y el riesgo de explotación sexual.

¿De qué manera la igualdad de género contribuye a fortalecer la acción climática?

Para que las políticas y soluciones climáticas resulten eficaces, deben integrar en todo momento consideraciones relativas a la igualdad de género y al empoderamiento de las mujeres.

En el sector de la agricultura, promover un mayor acceso de las mujeres a los recursos y la información contribuye a la resiliencia climática y reduce los efectos del cambio climático sobre los hogares y las comunidades (enlace en inglés). Por ejemplo, eliminar las brechas de género en la agricultura podría aumentar el producto interno bruto mundial en casi 1 billón de dólares de los Estados Unidos y reducir en 45 millones el número de personas afectadas por la inseguridad alimentaria. Del mismo modo, garantizar que las mujeres, sobre todo las mujeres indígenas, tengan una mayor participación en la gobernanza forestal conduce a soluciones más eficaces y duraderas para afrontar la deforestación y los efectos del cambio climático (enlace en inglés).

Las mujeres son también agentes de cambio y asumen cada vez más funciones de liderazgo en la acción climática en todo el mundo. Se ha demostrado que el hecho de que las mujeres tengan una mayor participación política trae consigo una mejora en la sostenibilidad ambiental (enlace en inglés). Por consiguiente, corregir el desequilibrio de género en las estructuras de toma de decisiones puede contribuir a la adopción de políticas climáticas y garantizar que estas respondan también a las necesidades de las mujeres y las niñas.

Además, los conocimientos locales de las mujeres sobre la gestión sostenible de los recursos y su liderazgo comunitario desempeñan un papel fundamental para avanzar en la mitigación y adaptación frente al cambio climático. Estos aspectos también cobran relevancia en la recuperación y la resiliencia de diversos sectores, desde la gestión del agua y la seguridad alimentaria hasta las soluciones basadas en la naturaleza y la economía circular. Por ejemplo, las mujeres indígenas son pioneras en la conservación del medio ambiente a través de prácticas ancestrales que fomentan la resiliencia, como la preservación de la biodiversidad y de distintas variedades de semillas o el uso de métodos naturales que aumentan la fertilidad del suelo.

¿De qué manera están integrando los países las consideraciones de género en la acción climática?

En 2014, en la 20.ª Conferencia de las Partes (COP20), los países formularon el programa de trabajo de Lima sobre el género, con objeto de coordinar esfuerzos para integrar mejor las consideraciones de género en las políticas y medidas climáticas. Posteriormente, el programa se prorrogó por 5 años, y luego 10, en la COP25 y la COP29, respectivamente, y pasó a denominarse la versión mejorada del programa de trabajo de Lima sobre el género.

En 2025, con miras a poner en práctica la visión de este programa, los países aprobaron el plan de acción de Belém sobre el género (disponible en inglés) en la COP30. El plan, que sirve como instrumento para promover una mayor coherencia entre las políticas y acelerar la acción climática con perspectiva de género, define medidas concretas en áreas clave como el trabajo de cuidados, la salud, la violencia contra las mujeres y las niñas, los mecanismos de protección de la seguridad de las mujeres, las soluciones basadas en la naturaleza y la adaptación basada en los ecosistemas.

A medida que los países avanzan en la revisión y aplicación de sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) en virtud del Acuerdo de París, deben garantizar que se eliminen los obstáculos que impiden el liderazgo y la participación significativa de las mujeres en la acción climática y que se reconozcan y potencien sus derechos, su poder, sus conocimientos y sus capacidades. Asimismo, es preciso consolidar el protagonismo de las mujeres en la construcción de una economía mundial inclusiva, resiliente y con bajas emisiones de carbono, lo que incluye mediante la financiación climática y asignaciones presupuestarias específicas. De ese modo, no solo se promueve la igualdad de género, sino que también se reconoce a las mujeres como agentes de cambio fundamentales para lograr una acción climática más ambiciosa.

Cuando los países formulan políticas climáticas o planifican la acción climática, un primer paso crucial implica realizar un análisis de género (disponible en inglés). De esa manera, es posible identificar las desigualdades y las brechas de género existentes, así como los puntos que requieren medidas correctivas. Tener en cuenta la interseccionalidad es una parte importante de este proceso. Las soluciones climáticas son más eficaces cuando trascienden la mera respuesta a los factores de riesgo biofísicos para examinar el modo en que los factores sociales y culturales ―como el género, la edad, la etnia, las capacidades físicas y el origen socioeconómico― inciden en la forma en que las personas, los hogares y las comunidades experimentan el cambio climático. Cuando los gobiernos comprenden mejor la distribución relativa de los recursos, las oportunidades, las limitaciones y el poder en un contexto determinado, pueden formular políticas y acciones climáticas más eficaces y basadas en evidencias.

¿Cuáles son algunos de los desafíos que limitan la acción climática con perspectiva de género?

Uno de los principales desafíos que enfrentan los países cuando pretenden integrar las consideraciones de género en sus políticas climáticas y en sus planes de acción es la falta de información y datos desglosados por género, lo cual impide comprender cabalmente el modo en que los efectos climáticos repercuten sobre las mujeres y los hombres y la manera en que medidas específicas benefician a distintos grupos. Por lo tanto, la recopilación de datos sobre la adaptación al cambio climático y su mitigación debe incluir indicadores específicos sobre las disparidades y brechas de género, así como sobre los efectos diferenciados por género. Una nueva forma de recopilar y analizar datos consiste en el uso de la inteligencia artificial (IA). Si bien los datos generados por la IA tienen un gran potencial para detectar y afrontar las brechas y desigualdades de género, también conllevan el riesgo de perpetuar los sesgos de género, por lo que es importante velar por que los sistemas de IA cuenten con marcos éticos sólidos basados en la inclusividad y la transparencia.

También persisten obstáculos que limitan el acceso de las mujeres a la financiación climática. Los marcos y las estrategias de financiación climática no siempre contemplan medidas específicas para garantizar que las mujeres tengan acceso a las inversiones realizadas en materia de acción climática, gocen de sus beneficios y puedan participar plenamente en la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono. Los países deben facilitar a las mujeres el acceso a nuevas subvenciones de financiación climática que sean de alta calidad y no estén sujetas a deudas ni a condiciones económicas, que apoyen a las comunidades vulnerables y contribuyan a incentivar una mayor igualdad de género e inclusión social.

Además, la escasa participación de grupos de mujeres y organizaciones de la sociedad civil en los procesos de formulación de políticas sobre el cambio climático pone de manifiesto que las actividades de planificación e implementación de la acción climática no siempre tienen perspectiva de género. Crear alianzas con estos grupos y organizaciones puede ayudar a garantizar que la acción climática responda a las cuestiones de género, facilite el desarrollo de capacidades y comunique al público en general las prioridades y acciones climáticas nacionales. Estas organizaciones también se encuentran en una posición idónea para combatir las normas sociales y los estereotipos que restringen la participación de las mujeres en la acción climática, mediante una perspectiva interseccional que fomente el liderazgo de las mujeres y su participación y compromiso significativos en los diferentes grupos.

Asimismo, en muchos países, los conocimientos de las mujeres indígenas constituyen un elemento fundamental de las soluciones climáticas. No obstante, en ocasiones estos conocimientos corren peligro, pues los esfuerzos por reconocerlos, evaluarlos, aplicarlos y preservarlos son escasos. Es necesario un mayor reconocimiento y preservación de los conocimientos de las mujeres indígenas para garantizar que la acción climática sea más eficaz y relevante en cada contexto, y tenga apropiación local y mayor impacto.

Otro desafío es la falta de coherencia de las políticas entre los distintos sectores y la insuficiente coordinación entre los ministerios y las estructuras gubernamentales, lo cual puede dificultar la integración de las consideraciones de género en la acción climática. Para hacer frente a esta cuestión, los países deben mejorar los mecanismos de coordinación entre los ministerios y realizar asignaciones presupuestarias que se centren en el fortalecimiento de las capacidades institucionales para emprender una acción climática con perspectiva de género.

¿Cómo apoya el PNDU a los países para llevar adelante una acción climática con perspectiva de género?

El PNUD procura situar la igualdad de género en el centro de la acción climática, ya que reconoce que las persistentes brechas de género obstaculizan la resiliencia climática, mientras que el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género desempeñan un rol transformador y esencial en los cambios sistémicos necesarios para construir un futuro justo y sostenible para todas las personas.

Junto con los homólogos nacionales y las partes interesadas, el PNUD ayuda a consolidar las capacidades propicias para una gobernanza eficaz, una planificación inclusiva y marcos de políticas integrados que optimicen la acción climática con perspectiva de género y los resultados en materia de igualdad de género.

En el marco de la iniciativa Climate Promise 2025, el PNUD ha prestado su apoyo a más de 100 países en desarrollo con motivo de la actualización de sus NDC de tercera generación, de las cuales el 94 % ha incorporado consideraciones relativas a la igualdad de género y a la inclusión social (enlace en inglés). Este apoyo se basó en una serie de puntos de partida clave, desde el fortalecimiento de la capacidad institucional y la coordinación hasta la facilitación del acceso de las mujeres a la financiación y el respaldo a su participación y liderazgo efectivos en la acción climática.

En Bangladesh, con financiación del Fondo Verde para el Clima (FVC), el PNUD ha ayudado a fortalecer la resiliencia climática de más de 337.000 mujeres (enlace en inglés) al brindarles medios de subsistencia alternativos, como el cultivo hidropónico de hortalizas y la cría de cangrejos y peces resistentes a la salinidad, así como el acceso a agua potable mediante más de 13.300 tanques de captación de agua de lluvia. Las mujeres también asumieron funciones esenciales en el mantenimiento y la reparación de los tanques de agua y conformaron grupos de voluntariado liderados por ellas mismas para la respuesta ante desastres. Estas intervenciones han transformado las normas de género (enlace en inglés), ya que posicionaron a las mujeres como líderes, responsables de la toma de decisiones y agentes de resiliencia en sus comunidades.

La Comisión Forestal de Ghana, en colaboración con la Global Shea Alliance y el PNUD, y con financiación del FVC, ha prestado apoyo a más de 6.000 mujeres para que adquieran nuevas habilidades relacionadas con el cultivo, los negocios y la gestión de cooperativas en el marco de las actividades de restauración de las tierras de cultivo de karité (enlace en inglés). En 2025, con el fin de cuantificar, verificar y certificar el cambio real producido por estas actividades en la vida de las mujeres y sus familias, el PNUD, con el apoyo del Programa ONU-REDD, aplicó el Estándar W+. Entre las mujeres encuestadas, 9 de cada 10 reportaron un aumento en sus ingresos, que destinaron principalmente a bienes de consumo, educación y atención de la salud. Además, más de la mitad reinvirtieron en sus negocios, lo cual indica un equilibrio entre el bienestar y el uso productivo de los fondos.

En Uzbekistán (enlace en inglés), con financiación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), el PNUD ayudó a modernizar el transporte urbano mediante la introducción de autobuses eléctricos y la puesta en marcha de reformas normativas determinantes que eliminaron los obstáculos que impedían la participación de las mujeres en el sector. A raíz de ello, en 2024 se modificó una ley que solamente permitía a las mujeres conducir vehículos de pequeña capacidad, y se les confirió el derecho a conducir autobuses de gran tamaño y vehículos pesados. Tras este hito, el PNUD está capacitando a 50 mujeres como conductoras profesionales de autobús para que puedan romper con los estereotipos de género y formar parte de la transición hacia sistemas de transporte con bajas emisiones.

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