La financiación es esencial para que África alcance sus objetivos climáticos

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Región de Chad - familia riega plantines en la lucha contra la desertificación
Foto: Jean Damascene

África es muy vulnerable a los efectos de la crisis climática.

En 2020, 9 de los 10 países más afectados por el cambio climático eran países africanos. Desde entonces, los fenómenos meteorológicos extremos no han hecho más que intensificarse.

Entre 2011 y 2020, un promedio de 16,5 millones de personas por año han sufrido los efectos de sequías e inundaciones en todo el continente. Ello ha tenido graves consecuencias para los sistemas agrícolas y ganaderos de secano, lo que ha repercutido negativamente en la seguridad alimentaria de las comunidades. A su vez, el aumento del nivel del mar ha agravado la situación de las comunidades costeras, que enfrentan la reducción de la superficie terrestre, inundaciones costeras y mareas de tempestad más intensas. La situación se torna sumamente preocupante considerando que se proyecta un crecimiento del 40 % para el 2030 de las siete principales ciudades costeras de África: Lagos, Luanda, Dar es Salam, Alejandría, Abiyán, Ciudad del Cabo y Casablanca.

Durante este año, solo en la región del Cuerno de África, al menos 31,9 millones de personas requieren asistencia humanitaria urgente a causa de la sequía más extensa y severa en la historia reciente. A su vez, Madagascar, Mozambique y Malawi se vieron duramente azotados por el ciclón Freddy, la tormenta tropical de mayor duración jamás registrada.

Los países africanos son plenamente conscientes de los riesgos que el cambio climático conlleva y se proponen hacer frente a sus efectos adversos a través de las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés). Muchos de estos compromisos climáticos nacionales incluyen presupuestos y marcos de inversión para alcanzar objetivos de mitigación y adaptación.

A pesar de emitir los niveles más bajos de gases de efecto invernadero que impulsan el cambio climático, los países africanos están abordando esta problemática con seriedad y están intensificando su ambición. De hecho, nuestros análisis revelan que las NDC de los países africanos son más categóricas que las de la media mundial. Sin embargo, para materializar estos objetivos, los países africanos necesitan un apoyo sustancial y constante en materia de financiación climática.

Se estima que de 2020 a 2030 la financiación necesaria para las NDC de los países africanos es de aproximadamente 2,8 billones de dólares, lo que equivale a más del 93 % del producto interno bruto de África.

A pesar de que compiten distintas prioridades desarrollo, y de la elevada carga de la deuda, los gobiernos africanos se han comprometido a destinar 264.000 millones de dólares en recursos públicos nacionales para financiar la implementación de sus respectivas NDC, lo que supone el 10 % de los costos totales estimados para llevar a cabo dicha implementación. Los 2,5 billones de dólares restantes deben proceder de la comunidad internacional de donantes y del sector privado.

No obstante, la confianza se ha visto gravemente vulnerada, ya que los países desarrollados no cumplieron con el objetivo de financiación climática acordado de 100.000 millones de dólares anuales para 2020.

Aun así, nos urge priorizar y acelerar la movilización de ayuda financiera, y para ello es crucial entender de manera integral cómo estos fondos contribuirán a los esfuerzos para contrarrestar el cambio climático.

Esto es lo que podemos aprender de los datos suministrados por 51 de los 53 países que presentaron NDC en la región:

  • Dos tercios (66 %) de la financiación climática que se necesita en África deberán destinarse a labores de mitigación. Los sectores de energía, agricultura, silvicultura, industria y transporte son algunos de los que más necesitan de inversión.
  • Las medidas de adaptación representan una cuarta parte (24 %) de las necesidades totales de financiación climática, lo que equivale a 52.700 millones de dólares. Los países reportaron que tenían necesidades de adaptación principalmente en los sectores de agricultura (25 %), agua (17 %), infraestructura y construcción (12 %), prevención y preparación para casos de desastre (10 %) y salud (8 %).
  • Sin embargo, es posible que estas necesidades estén infravaloradas debido a la escasez de datos y conocimientos técnicos, sobre todo a nivel subnacional, para evaluar el costo real de las medidas de adaptación. Los obstáculos sociales, económicos y políticos también influyen en esta infravaloración y profundizan la incertidumbre sobre las emisiones de gases de efecto invernadero futuras y sus efectos climáticos.
  • Solo el 10 % de las medidas presentadas en estas NDC tratan simultáneamente la mitigación y la adaptación, lo que destaca la falta de aplicación de enfoques que puedan traer beneficios en ambos ámbitos.
  • En 2019 y 2020, los donantes se comprometieron a destinar en promedio 11.400 millones de dólares anuales en concepto de financiación climática para respaldar las medidas de adaptación de África. Si lo comparamos con los 52.700 millones de dólares anuales que se necesitan para sustentar las medidas de adaptación de aquí a 2030, el déficit de financiación anual equivale a 41.300 millones de dólares.
Una mirada al futuro

Estas cifras revelan la importancia de una colaboración firme entre las partes interesadas, los gobiernos, las organizaciones internacionales, las instituciones financieras internacionales y el sector privado para implementar las NDC a la escala y velocidad que África necesita.

Desde su creación en 2019, la iniciativa impulsada por el PNUD, Climate Promise, se ha convertido en el proyecto más importante del mundo para contribuir a la implementación de las NDC a nivel mundial, sobre todo en África, donde actualmente se concentra la mayor parte de sus esfuerzos. Esto incluye ayudar a los países a movilizar y alinear los recursos financieros con el fin de honrar los compromisos asumidos en el Acuerdo de París, así como promover una arquitectura financiera mundial que sea adecuada para materializar el Acuerdo de París.

En las próximas semanas y meses diversos eventos de importancia ofrecerán renovadas oportunidades para impulsar un cambio transformador en la financiación climática para la región e influir notoriamente en la ayuda financiera, el alivio de la deuda, la financiación climática, el comercio, la inversión y la gobernanza económica para África.

Los países africanos deben ser escuchados y apoyados para salvaguardar sus intereses, obtener los recursos financieros, tecnológicos y de creación de capacidades necesarios, de manera que puedan contribuir plenamente en la configuración de un panorama financiero mundial más inclusivo y equitativo cuya principal prioridad sean las necesidades de los más vulnerables.